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CECLAVÍN Artesanía y Tradición en el Valle del Alagón. |
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Jesús M. Montañés Pereira. ADT. |
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Levemos anclas, partamos hacia la gran encrucijada, donde las tierras de Alcántara y el Alagón se disputan en eterna disyuntiva a Ceclavín. De igual modo los dos ríos, Tajo y Alagón parecen querer abrazar ambos sus tierras, tierras de "coquillos" de "machorritas", de caballos, de "enchinados" y de "borrascas", ingredientes todos ellos del importante bagaje etnográfico que el pueblo ha ido preservando a través de su azarosa historia. Nos detendremos primero en las fiestas de diciembre; en medio de días grises, heladas y un general ambiente invernal. De repente el sonido de los tamboriles, panderetas, zambombas, sonajas y demás aditamentos quiebra el silencio de las centenarias calles: la "BORRASCA" ha llegado un año más a Ceclavín. Bueno es citar que, a ciencia cierta, nada se sabe de cómo comenzó el pueblo a desarrollar esta curiosa sucesión de eventos: "LA MACHORRITA" y "LOS CABALLOS" pero si podemos situar su más probable origen en el esplendoroso siglo XVI, en el que el municipio permuta su status por el de villa, merced a un privilegio de Carlos I, siendo el emperador hijo de doña Juana quien otorga el privilegio por el cual parece que comienzan estas fiestas.
"que celebrándose en la noche del día de hoy la tradicional fiesta de la borrasca, haciendo justicia a nuestros antepasados ruego, que como ellos, se tomen las diversiones típicas con la mayor fraternidad, sin molestias para nadie y con la alegría propia de corazones sanos y sentimientos religiosos". Cada "Borrasca" acude como cita inmediata esa noche a la misa del gallo y una vez terminada ésta la bulliciosa multitud pasea tocando los instrumentos citados: sonajas, tamboriles, zambombas etc. acude a casa de amigos y familiares, donde son agasajados con los elementos propios citados de esta singular celebración. Aunque debemos consignar al cochifrito y a la chanfaina como platos más genuinos. Globalmente, podemos considerar estas noches en Ceclavín como verdaderas borrascas pero humanas, de gente que se echan a la calle esos días. Echame una copa
Sin solución de continuidad Ceclavín acomete la celebración de "los caballos", los días 26 y 27 de diciembre, donde es protagonista, sin lugar a dudas, el caballo; es esta manera de transportarse la elegida por multitud de gente para acudir al santuario de la patrona la virgen del Encinar en plena dehesa boyal. Los jóvenes preparan sus caballos con las mejores monturas y albardas, pero además de a caballo los clavineros acuden en burros, en carros aderezados para la ocasión o incluso a pie. Una vez allí, los jinetes realizan con sus monturas un curioso rito en el que algunos han querido ver algún tipo de influencia árabe. Efectúan tres vueltas alrededor del santuario para que la virgen preserve a sus cabalgaduras del temible "torzón". Otros autores lo escenifican como un rito de iniciación o fertilidad de los jóvenes. Una vez visitada la patrona, vuelven todos al pueblo donde se repite el ritual de días anteriores. A sus pasos son agasajados con la variada despensa ceclavinera, dulces como los coquillos, las floretas, las perrunillas, anís, vino etc., tomando de nuevo la calle una variopinta multitud de jinetes entonando canciones como: "Echeme usted buen vinito Hay que hacer hincapie en la importancia y variedad del cancionero local conteniendo referencias a épocas pasadas como las expropiaciones de Mendizábal, la vida en el campo o ingredientes satíricos y picarescos con cierta soma que en general son de buena aceptación. Una vez que las borrascas han recorrido todas las casas llega la hora de que los jinetes galopen por la calle Granadera con gran expectación por los allí congregados. Los caballos galopan desde la plaza mayor a la avenida Juan Carlos I, antes calle del Cristo. En la Borrasca existe una participación general si bien es cierto que los más jóvenes son los que la viven con más intensidad. LA SEMANA SANTA
De igual manera, el Viernes Santo, tiene lugar la procesión con "La Virgen de la Soledad", "sólo para mujeres", aunque en la actualidad ambas celebraciones han perdido ya ese carácter diferenciador. El Sábado santo, y tras la misa del resucitado tiene lugar otro hecho destacable, en la plaza mayor se encuentran las imágenes del resucitado y la virgen, encuentro que es acompañado por los vecinos con salvas y cohetes; las imágenes son lanzadas al aire y puestas una al lado de la otra escenificando un autentico y alborozado encuentro. No hay que olvidar que en épocas de pasado esplendor llegó a contar Ceclavín con 18 ermitas, intra y extramuros de la también desaparecida muralla que bien por causas bélicas y otras de tipo coyuntural abandono, lejanía del casco urbano etc. no se han conservado hasta la actualidad. De igual manera el municipio contaba con varias cofradías entre las que mencionaremos por su importancia la de la Santa Veracruz, establecida el primero de abril de 1512 dedicada al enterramiento de pobres y foráneos utilizando para ello la ermita de la Misericordia, hoy desaparecida, sita junto a la Torre del Reloj en la plaza mayor. Otras tradiciones y fiestas que perduran La Cruz de mayo: la cruz bendita se celebra el día de la cruz de mayo y consiste en la realización de pequeños altares diseminados por el casco urbano, con una cruz, un cuadro de la virgen o similar, básicamente en el fondo, aunque no en la forma, es similar a las realizadas en otras poblaciones extremeñas. Los altares se adornan además con flores olorosas y verdes, mestranzos, juncias etc. La feria de San Miguel: esta celebración está ya documentada desde mediados del siglo pasado donde era hegemónico su mercado de ganado, el "rodeo". En el primer cuarto del siglo XIX llegó a cambiarse a verano, pero hacia 1847 volvió a su ubicación actual. Se celebra los días 29, 30 y 1 de octubre. El patrón San Miguel es llevado a la localidad y tras unos días regresa a su emplazamiento junto a la patrona en el santuano. El
martes de Pascua es distinto. Desde muy de mañana el recinto anejo a la
ermita se ha poblado de "puestos" de variada suerte y condición; para
los niños, los consabidos juguetes y demás atracciones, para los mayores
vino de pitarra, peces en escabeche, amén de otras delicias culinarias
locales. Esto por lo que respecta a la parte más lúdica y profana, pero
hay más, dentro de un sentido más eminentemente religioso, la misa en
el santuario y el Sería caer en lo repetitivo enumerar a conciencia otras muestras etnográficas que la localidad atesora pero las citaremos, unas que se perdieron y otras que se conservan: El día de San Antón, el día de Los Santos, las hogueras de San Antón, San Pedro o San Sebastián, los carnavales o antruejos, los baños del Tajo. Son probablemente sólo extraños nombres para algunos pero para el ceclavinero que lea estas humildes líneas fuera del pueblo le asegurará une escalofrío cuando tantas y tantas estampas se le vengan a la memoria, esa memoria que entre todos los que están dentro y los que se encuentran fuera siguen construyendo día a día. LA ARTESANÍA Inseparables de Ceclavín fueron los refranes que hablaban de vino, de uvas, o de alfarería, oribería etc. Y es que hasta en los tópicos se encuentra la huella de la historia. Plateros, cerrajeros, orives, alfareros etc, han dado fama a la localidad.
En la actualidad Domingo Rosado es el último, de momento, representante de una saga familiar de oribes, desde su bisabuelo Argimiro Barcos hasta él, que combina la elaboración de piezas clásicas, con elementos más modernos. Es en suma, el bagaje cultural, que la localidad preserva, un capital de preciada importancia, apartada de saturados flujos turísticos, esperando esperando a ser "explorada", por gentes amantes de lo tranquilo, de lo natural, de la historia o la artesanía, y de pueblos como Ceclavin. |
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