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PLASENCIA,
CIUDAD EXCELENTE. Excmo. Ayuntamiento de Plasencia.
HAY
LUGARES QUE AL VISITARLO PARECE QUE SE HAN DETENIDO EL TIEMPO. UNA CASA
SEÑORIAL QUE NOS HABLA DE FAMILIAS DE LARGA ESTIRPE HACIA CONQUISTAS
INTERMINABLES. UNA IGLESIA QUE POSEE BELLOS RETABLOS O RELIQUIAS DE SANTOS
TRAÍDAS DE PALESTINA.
UNAS INEXPUGNABLES MURALLAS QUE DEFENDIERON EL TERRITORIO E HICIERON LIBRES
A SU POBLACIÓN. UNA FORMA DE VIDA INALTERADA EN SUS HÁBITOS
Y COSTUMBRES QUE RESULTA UN BÁLSAMO PARA EL HOMBRE DE LA GRAN CIUDAD.
ESE LUGAR ES SIN DUDA PLASENCIA, QUE MANTIENE AÚN VIVO EL ESPÍRITU
COMERCIAL Y MERCANTIL QUE LE DIO ORIGEN EN EL NÚCLEO DE SU CIUDAD
MONUMENTAL.
LA CIUDAD CONTINÚA SIENDO EL MAYOR NÚCLEO POBLACIONAL Y
COMERCIAL DEL NORTE DE EXTREMADURA QUE SUMINISTRA BIENES Y SERVICIOS A
SUS CINCO COMARCAS NATURALES: SIERRA DE GATA, HURDES, VALLE DEL AMBROZ,
VALLE DEL JERTE Y LA VERA.
A
finales del siglo XII un grupo de hombres de armas al servicio de la Corona
de Castilla se adentró en el
frondoso valle del Xérete con unos objetivos claramente definidos:
debían iniciar una maniobra de afianzamiento en los límites
de su reino que evitara las habituales razzias y escaramuzas a las que
los musulmanes sometían a los pueblos de frontera y expandir la
religión cristiana en territorios ocupados.
Por otra parte se tenía noticias de que el vecino reino leonés,
con el que se mantenían constantes disputas territoriales, ansiaba
expandirse hacia el río Tajo. Existía, también, una
poderosa razón económica dominar el acceso hacia tierras
meridionales en el paso del ganado de la Mesta.
Para ello necesitaban instalar una plaza defensivo que controlara el territorio
a dominar, y que se extendía como un cuchillo a lo largo del río
Jerte
Al final del valle, que le da nombre este río, existía un
promontorio rocoso rodeado por un amplio caudal fluvial que debidamente
fortificado serviría a modo de foso de castillo.
Se sabe que en ese lugar había una pequeña población
musulmana, de probable origen beréber, defendida por una empalizada
de madera fácilmente accesible para las experimentadas tropas castellanas.
Poco se conoce de los primeros momentos en los que se asentaron los fundadores
de la ciudad, tan sólo, y según prospecciones arqueológicas
llevadas a cabo recientemente en el Parador de Turismo, que debieron aprovechar
esas primeras defensas de estacas para levantar una cerca de mampostería
que protegiera a la primera guarnición de la ciudad.
A
los pocos años llegaría la derrota de Marcos que obligaría
a los cristianos a retroceder hasta posiciones más seguras hacia
el norte, por la primitiva población es abandonada frente al empuje
musulmán.
Aprendiendo de su error, los castellanos
regresan al poco tiempo para recuperarla definitivamente y protegerla
con unas fuertes murallas por orden de su fundador: Alfonso VIII de Castilla,
dotarla de independencia judicial, fueros propios y libertad para sus
pobladores como medida práctica en la búsqueda de afianzamiento
poblacional.
Se dice que en ella trabajaron cerca de
11 .000 hombres durante un año aproximadamente y el resultado,
salvo algunos añadidos posteriores, es lo que el viajero puede
observar hoy.
Ateniéndose el rey fundador
a los objetivos iniciales no cejó hasta conseguirlo llegando a
establecer con los leoneses un pacto que propiciara la reconquista peninsular
sin que se rozaran los intereses de ambos reinos.
Y
así fue, se firmó un tratado en la villa de Abadía,
próxima a Aldeanueva del Camino, en el Valle del Ambroz, en la
que se establecía como límite fronterizo entre ambos reinos
la vieja Ruta de la Plata, o "camino empedrado" que llamaban
los musulmanes a la calzada romana que iba desde Gijón a Sevilla,
muy próxima a nuestro enclave.
El testigo del acuerdo fue la ciudad de Plasencia que actuaría
de vigía para evitar que los leoneses rompieran el pacto y se adentraran
en territorio castellano.
Poco a poco la fórmula de Alfonso VIII dio resultado: consiguió
afianzar su territorio, pobló la ciudad y sus tierras con gentes
que procedían de León, Castilla y Asturias; por eso aparece
un solitario castillo en referencia a la ciudad acompañándolo
a cada lado un pino y un castaño con las raíces al aire,
pues quiso que se supiera que era una ciudad libre para hombres libres
y desarraigados que ansiaran forjar su propio destino bajo protección
real.
Bien protegida por muralla, cubos y barbacana la coronó con un
castillo en lo más alto para que desde allí se pudiera otear
mejor el horizonte y vigilar las extensas tierras que formaban su Alfoz.
El castillo hoy ya no existe, pues se derribó tras un periodo de
imparable ruina y de desconocimiento por quienes debían protegerlo
como patrimonio histórico que era.
Tan sólo quedan las defensas que a él se unían y
de la que destaca la llamada Torre Lucía, donde en casos de asedio
se encendía una hoguera para avisar a guarniciones vecinas de la
tragedia que se cernía sobre la ciudad, y es en la actualidad un
Centro de Interpretación sobre la Ruta de la Plata perteneciente
a la Junta de Extremadura.
Aún
conserva la ciudad restos de lo que fueron sus orgullosas murallas y cubos
o torres semicilíndrica que se situaban unas de otra a la distancia
suficiente para que a tiro de ballesta se pudieran proteger unas a otras.
Testigos mudos del pasado belicoso y en proyecto de recuperación
por el Ayuntamiento placentino, del que casi se conserva un 80% oculto
tras viviendas que encontraron en su solidez la manera de subsistir el
paso del tiempo.
Es un importante paso el que ha dado el
Consistorio Local en recuperar tramos pero la labor que se nos presenta,
mira al futuro ilusionada pues es tarea de generaciones venideras el lograrlo.
Así, las casas que la ocultan, y que aprovecharon sus muros para
existir evitaron como sucedió en otras poblaciones que la decimonónica
Comisión para el Derribo de Murallas las echase abajo so pretexto
de que eran un estorbo para el urbanismo, que se preveía moderno,
y la sanidad del municipio.
De esta manera, este símbolo que protegió a nuestros antepasados
servirá como Marca Turística para el PET (Plan de Excelencia
Turística) de Plasencia que representa cuatro cubos en perspectiva
y la mitad de un arco de medio punto, acompañada del nombre de
la ciudad y el lema de Ciudad Excelente. Plasencia está llena de
símbolos que el viajero sabrá apreciar. Ciudad amurallada,
hidalga, mercantil, eclesial y con presencia de las tres culturas que
engrandecieron nuestro país: judíos, musulmanes y cristianos.
Cabe
decir, que a no mucho tiempo de su fundación se constituyó
en Diócesis, una de las más extensas de Extremadura y que
su actual configuración se basa en el espacio territorial que abarcaron
sus mesnadas en el avance conquistador.
La espléndida Catedral, o catedrales, pues son dos. La Vieja, de
traza gótica con elementos románicos arcaizantes y la Nueva,
del siglo XV, e inconclusa, pues a medida en que se desmontaba la antigua
se construía ésta. Es toda una joya del renacimiento español
adornada con altares barrocos e innumerables obras de arte de diversas
épocas. Es la Sede placentina objeto de apoyo por parte del Plan
de Excelencia Turística de Plasencia que pretende recuperar el
Museo Catedralicio para que el visitante pueda contemplar en su magnificencia
su Tesoro, la colección estatuaria, los cuadros, las reliquias,
los conjuntos de vestiduras sagradas y los libros corales que hicieron
famosa a la dudad por sus Maestros de Capilla.
Se pretende, pues, poner en valor el conjunto expuesto interpretándolo
con el apoyo de las nuevas tecnologías que informen al turista
sobre el origen de las piezas expuestas, su escuela y características.
También se tratará de informar sobre los procesos constructivos
del templo catedralicio al ser, como algunos especialistas lo han definido,
una fotografía congelada de la Era de las Catedrales.
Otro
proyecto que está acometiendo el PET placentino es la adecuación
de la denominada Plaza de Torre Lucía, en el acceso al anteriormente
aludido Centro de Interpretación de la Junta de Extremadura. Este
será un lugar de espera y descanso para los visitantes que deseen
adentrarse en dicho recinto que está llamado a convertirse en lugar
para eventos culturales multitudinario.
Un elemento básico que todo plan de dinamización turística
ha de tener es la de rentabilizar la inversión pública realizada
en apoyo de la economía local y por ello se diseñarán
rutas que abarquen todo el conjunto monumental sin olvidar la Plaza Mayor
y calles comerciales adyacentes, apoyando esta iniciativa con la tematización
desarrollada en el Centro de Interpretación de la Ciudad en el
Convento de Las Claras. La Plaza Mayor también será objeto
de actuación al diseñarse un moderno e innovador sistema
de iluminación artística que busque resaltar los edificios
singulares allí existentes.
Hay que tener en cuenta que otro de los atractivos de la ciudad se centra
en la vida que tiene el núcleo histórico, donde el viajero
no dejará de sorprenderse ante la vitalidad de su área comercial
que se desarrolla ininterrumpidamente en la Plaza Mayor desde hace ochocientos
años y que tiene su máxima expresión colorista en
el tradicional mercado semanal del Martes.
Ya
en sus fueros locales el rey fundador, Alfonso VIII de Castilla, estableció
una serie de disposiciones para garantizar el normal desarrollo del mercado
en la ciudad y que monarcas posteriores refrendaron.
Por ello, no debe dejarse pasar por alto el visitar este lugar tan entrañable
para los placentinos, pues es lugar de tertulias y donde los bares son
los protagonistas a la hora del aperitivo. Plaza de trazado irregular
acogió desde sus orígenes todos los acontecimientos ciudadanos
como eran: desfiles procesionales, alardes de caballeros, lugar de patíbulo
donde la famosa Serrana de la Vera fue ajusticiada y Autos Sacramentales.
Sirvió, durante la Edad Media, de lugar donde se corrían
los toros y de ello queda una muestra en las Cantigas de Alfonso X el
Sabio, que plasmó con inocencia medieval y en el galaico-portugués
de la época el milagro de Nuestra Señora al socorrer a un
clérigo placentino que quería visitar a un amigo y vio perseguido
por un astado. Encomendándose, éste, a la Virgen María,
cuyo aspecto es muy similar a la de Ntra. Sra. del Sagrario de la Catedral
de Plasencia, observó cómo milagrosamente el animal caía
arrodillado y manso a sus pies.
Recuerdo de ello también es la calle de los Toros, junto al Ayuntamiento,
que serviría de Chiquero y hoy está dedicada al torero placentino
Juan Mora.
Los
soportales de la plaza eran, en el pasado, el lugar donde los mercaderes
y los maestros artesanos exponían sus productos, aprovechando el
resto del edificio para vivienda y almacén, o se habilitaba, como
tabernas y mesones. Preside la plaza el Palacio Municipal, de aire gótico
y renacentista con escudos del César Carlos, y muestra orgulloso
un campanario donde un autómata, llamado por los vecinos Abuelo
Mayorga, y vestido de alguacil del siglo XVI da las horas golpeando la
campana del Concejo, toda una joya del arte civil.
Hoy en día, este espacio, mantiene esa misma funcionalidad y acoge
a un importante número de comercios, entidades bancarias, bares
y restaurantes de gran calidad.
Otras actuaciones futuras buscarán recuperar el enclave de la antigua
ermita de Santo Tomé, construida sobre la mezquita del Barrio del
Toledillo, habitado en el pasado por un colectivo morisco procedente de
la ciudad de Toledo que dio nombre a la zona.
En
definitiva los objetivos del PET de Plasencia buscarán poner en
valor su rico patrimonio histórico-artístico para uso turístico
y su preservación para generaciones futuras como elemento de coexistencia
con el pasado y aprendizaje para el presente manteniendo así la
identidad local.
En el PET de Plasencia está dirigido por una Comisión de
Seguimiento formada por representantes de la Secretaria General de Turismo
del Ministerio de Economía, la Dirección General de Turismo
de la Junta de Extremadura, la Federación Empresarial Placentina
y la Concejalía de Turismo del Excmo. Ayuntamiento de Plasencia.
Está presidida el Ilmo. Señor don José Luis Díaz
Sánchez, Alcalde-Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Plasencia.
El programa, que tiene cuatro anualidades (2.000-2003), está financiada
a partes iguales por las tres Administraciones Públicas aludidas
en 150.000.000 Ptas. hasta completar un total de 450.000.000 ptas.
Puede bien el viajero llegar a la ciudad y permanecer allí todo
el tiempo que quiera disfrutando de sus orgullosos monumentos, agradables
paisajes y buena gastronomía, que las buenas gentes de Plasencia
sabrán atenderle y acogerle para hacer honor al lema que su rey
fundador le otorgó: Vt placeat Deo et hominibus. Esto es: Para
agradar a Dios y a los hombres.
Sean pues bienvenidos a una Ciudad Excelente.
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