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CÁCERES Senderismo Religioso
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Por : Amparo Fernández Gundín. Según el desarrollo urbanístico de Cáceres podemos suponer que la colación más antigua fue la de la Iglesia de Santa María puesto que, según se menciona en el Fuero, era el centro de la vida pública de los habitantes de la villa amurallada y el lugar donde se celebraban las reuniones del Concejo. Se cree que existió una primitiva iglesia levantada entre los años 1169 y 1173, en un momento en que la ciudad se encontraba bajo el dominio cristiano pero sin haber finalizado aún las luchas de reconquista. La iglesia que
podemos visitar hoy refleja un proceso de construcción que se
alarga desde el s. XIII hasta la segunda mitad del s. XV y comienzos
del s. XVI.. Es de estilo románico de transición al gótico,
con algunos elementos renacentistas. La portada frente al Palacio Episcopal,
es ojival y tiene finas arquivoltas, tímpano desnudo de adornos
y con el hueco partido por un pilar con una ménsula sobre la que
está la imagen de la Virgen. La portada de los pies es gótica
en cuerpo saliente, y con canecíllos románicos en la cornisa.
La torre es de tres cuerpos, divididos por molduras. En el segundo cuerpo,
dentro de un medallón, está el símbolo de la Virgen,
un jarrón con flores, y coronan la torre cuatro flameros. Al pie
d eésta, se encuentra la imagen de San Pedro de Alcántara,
de 1954, realizada en bronce por el escultor extremeño Pérez
Comendador. El interior, de plana rectangular, está dividido en tres naves, separadas por pilares cruciformes, destaca el retablo mayor que es de estilo plateresco, realizado en madera de cedro por Roque Balduque y Guillén Ferrant entre los años 1549 y 1555; la portada de la sacristía, también plateresca, es obra de Alonso de Torralba, y el coro del siglo XVI, con sus tres arcos desiguales. Le fue otorgada la categoría de concatedral en 1957, compartiendo sede episcopal con la catedral de Coria. En esta misma Plaza de Santa María, hoy podemos encontrar otros edificios religiosos, entre los que cabe destacar el Palacio Episcopal cuya parte más antigua data del siglo XIII y la más moderna del siglo XVII. La fachada principal es renacentista y tiene la puerta de arco de medio punto, con doble adorno de sillares almohadillados. A ambos lados de la puerta podemos observar dos medallones con figuras, todo ello enmarcado por dos columnas toscanas y en la parte superior por un friso en el que puede leerse la inscripción "D. García de Garlaba, Obispo de Coria 1587". En la parte más alta de la fachada vemos el escudo de Galarza, una garza semiexplayada sobre banda con la inscripción "AVE MARÍA". Hay ventanas en los dos pisos, las de abajo tienen una artística reja y están enmarcadas con sillares almohadillados, rematadas con arcos de descarga. La fachada lateral, gótica del s.XV, es de cantería y tiene arco bilobulado dentro de una arcada de finas molduras. El otro centro
religioso y urbano de la ciudad se encontraba en la parte alta de la
misma, era la Iglesia de San Mateo, que daba nombre a la segunda colación
cacereña. Esta iglesia fue edificada sobre restos de la antigua
mezquita árabe. Su construcción comenzó en la segunda
mitad del siglo XV, continuándose durante el siglo XVI y recibiendo
distintos añadidos hasta finalizar en el siglo XVIII. Posee elementos
de estilo gótico, renacentista, plateresco y barroco. En la fachada
principal destaca la portada plateresca, entre dos columnas de orden
compuesto, en arco carpanel, con dovelas adornadas con angelitos. Los
medallones de ambos lados representan a San Pedro y San Pablo, por encima
el friso adornado con motivos vegetales y un medallón con el busto
de San Mateo. En la parte más alta de la iglesia hay una bella
espadaña en ángulo. La torre no tiene ninguna decoración
y fue construida en 1780 por Juan Vecino.. En el interior, de una sola nave con bóvedas nervadas de granito, destacan el retablo mayor, de pino en su color, de estética rococó y carácter arquitectónico, tallado en la segunda mitad el siglo XVIII (1765 1778) por Vicente Barbadillo y un gran número de enterramientos de las familias nobles de esta colación como los Perero, Ulloa, Golfín, Saavedra, Ovando, etc. Debe destacarse asimismo la intervención de Rodrigo Gil de Hontañón, realizando la capilla de los Sande, actual sacristía, en la que conjuga sabiamente un interior gótico por su llamativa bóveda de crucería estrellada con un depurado exterior casi de manierismo vignolesco. En esta misma colación podemos observar el Convento de San Pablo, que da nombre a la plaza en la que se encuentra situado. Es un convento de clausura perteneciente a las monjas franciscanas. La iglesia es de estilo gótico levantada a finales del siglo XV, época en la que se produce la fundación del mismo. La fachada
tiene una sencilla puerta gótica de arco apuntado y
alfiz, rematada por una bella espadaña barroca del siglo XVIII,
con dos campanas, adornos de volutas y medallón con inscripción,
y coronada por una cruz de piedra. El interior es una pequeña iglesia de planta de cruz latina, con retablos churriguerescos, y cinco altares. La parte conventual se organiza en torno al sencillo claustro, de dos pisos,, con arcos carpaneles en el inferior y de medio punto rebajado en el superior, en cuyos muros 'hay restos de pinturas del siglo XVI. Si seguimos en esta misma colación, bajando por la Calle Ancha llegamos a la antigua puerta de Mérida, y extramuros encontramos el Convento de Santa Clara, construido entre 1593 y 1612, y fundado por Da Aldonza de Torres Golfín, viuda de Sancho de Paredes. Para su fundación, en 1561, afectó las rentas de cuatro capellanías que tenía instituidas, una vez que hubieran fallecido los correspondientes capellanes. Ésta fue la causa de que su construcción no se iniciara hasta 1593. La portada tiene
frontón partido por un templete con la imagen de San Francisco,
a cuyos lados hay escudos con las armas de: Golfín, Torres, Paredes
y Ribera. En el ángulo izquierdo, escudo de Da Aldonza de Torres
Golfín, sobre el que hay una figura de Santa Clara. El Convento
se inauguró el 5 de noviembre de 1614, después de vencer
numerosos pleitos y otros obstáculos. Para ello fueron en procesión
desde el Convento de Santa María de Jesús (hoy Diputación
Provincial) las monjas clarisas que habían de ocuparlo, acompañadas
del clero, nobleza y pueblo de la villa. Estas monjas procedían
de otro convento de Toro. Hoy lo ocupa una comunidad de monjas clarisas
de la Orden de San Francisco. El crecimiento
de la ciudad fuera de las murallas determinó la construcción
de otras dos iglesias, de esta manera surgirán dos nuevas colaciones:
la de Santiago y la de San Juan. La remodelación de la iglesia se realizó a partir del año 1549 bajo las ordenes de Rodrigo Gil de Hontañón, destacando de esta obra la capilla mayor cubierta con una bóveda estrellada y la sacristía de bóveda plana. Poco después, Gil de Hontañón abandonó las obras y el proyecto de templo de cruz latina. Finalmente, se encargó de la terminación del templo al maestro Sancho de Cabrera, que optó por realizar una nave única cubierta con bóvedas de crucería y un bello coro a los pies. En el exterior destacan las dos puertas, que se abren en arco apuntado con sencillas arquivoltas enmarcadas por alfiz y sobre la posterior, además, un triple arco ojival abocinado, también podemos observar varias veces el escudo de la familia de Carvajal. En su interior
alberga un grandioso retablo encargado en 1557 al maestro Alonso de Berruguete,
que fue finalizado por sus discípulos en
1565, y que está colocado sobre un bello basamento pétreo
realizado por Pedro de Marquina, una extraordinaria reja renacentista
de mediados del siglo XVI realizada por Francisco Núñez,
y de las distintas tallas de esta iglesia, podemos destacar el Cristo
de los Milagros y Nuestra Señora de la Esclarecida ambas del siglo
XV y Jesús Nazareno tallado por Tomás de la Huerta en 1609. En esta misma colación, ocupando un solar en el que estaban la ermita de San Bartolomé y las Cárceles del Corregimiento, se levantó el Convento de Santo Domingo de Guzmán, promovido por Da Catalina de Saavedra. Fue construido a lo largo del s. XVI. La Iglesia sigue el modelo conventual de dominicos, organizando el espacio con planta de cruz latina a la que se incorporan una serie de capillas comunicadas entre sí por atajos. Apoyando en soportes compuestos de columnas, las bóvedas son de crucería simple en la nave, con terceletes en el tramo del crucero y de más rica tracería en el presbiterio. El convento fue reconstruido en el s. XVIII. En su centro hay un pozo con cuidada forja con el emblema dominico. En el presbiterio de la iglesia se alza el retablo mayor, fechado en 1692. En él hay una serie de pinturas de santos dominicos presididas por la imagen de Santo Domingo de Guzmán. La Iglesia de
San Juan, de menor riqueza, es mencionada en la época medieval
bajo el nombre de San Juan de los Ovejeros, reflejo del predominio ganadero
entre los habitantes de esta colación parroquial. Esta iglesia,
de estilo gótico, se comenzó a construir en el siglo XIII
con el ábside y continuaron con el resto de la iglesia hasta finalizarla
en el siglo XVIII. Del exterior podemos destacar las dos portadas, a
los lados de la nave, de arcos apuntados; el ábside, en el que
podemos ver canecillos de tradición románica bajo la cornisa
y dos escudos de esquina bajo yelmo. El interior es de una sola nave, cubierta por bóvedas de crucería con terceletes, de tres tramos, más ancha que la cabe cera formada por un tramo corto, cuya bóveda es de traza más compleja y donde hay hueco para reliquias con portada plateresca, muy decorada labrada en la piedra, con querubines y busto de San Pablo. Uniendo las dos prime colaciones de las que hablábamos, la de
Santa María y la San Mateo, aparecerá en el s. XVIII la
Compañía de Jesús en la ciudad de Cáceres.
La implantación de ésta es una decisión particular
de la familia de los Figueroa, en su línea de Señores de
Mayoralguillo. El último titular fue Francisco Vargas Figueroa
y Aponte, que ingresó en la Compañía de Jesús
y entregó su fortuna para la fundación de una iglesia y
un colegio de Jesuitas en Cáceres, pero murió en 1698 sin
ver cumplido su deseo. La licencia para la construcción de este
conjunto se otorgó en el año 1716, pero la edificación
se llevó a cabo en la segunda mitad del s. XVIII.
Todo el conjunto se eleva en la Plaza de San Jorge, dedicada al patrón de la ciudad. En la actualidad la iglesia pertenece a la Congregación de la Preciosa Sangre y apenas se dedica al culto. En cuanto al colegio, alberga el Palacio de Exposiciones "San Jorge" y la Filmoteca de Extremadura y la delegación territorial de la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura. Presidiendo la ciudad, en la Sierra
de la Mosca, encontramos el Santuario de Nuestra Señora de la
Montaña, que tuvo su origen en una pequeña capilla excavada
en la roca por un ermitaño del s. XVII, Francisco Paniagua. La
imagen que allí se conserva fue declarada Patrona de la villa
de Cáceres en 1668, fecha en la que el Concejo decidió ordenar
la edificación del templo. Es una iglesia de mampostería
encalada, de una sola nave cubierta con bóveda de cañón
y lunetos. El interior está profusamente decorado con yeserías
y posee un buen retablo mayor barroco realizado hacia 1725, probablemente
según traza de Manuel de Larra Churriguera. Como es propio de
los santuarios barrocos, dispone de camarín, realizado en 1716. El templo fue ampliado en el s. XVIII,
cuando le añaden las capillas laterales, dedicadas al Cristo de
la Salud y a Santa Ana. Además de todas las iglesias, conventos y ermitas mencionadas antes, existen otras muchas edificaciones religiosas en la ciudad, sin duda todas ellas tienen su importancia a lo largo de la historia y, cada una ha sido partícipe de la misma en mayor o menor medida. Sólo por citar alguna de ellas, hablaríamos de: el conventual de San Francisco (hoy nuestro Centro de Congresos), el convento de San Pedro ó el de la Purísima Concepción, las enfermerías de San Antonio y San Pedro de Alcántara, la ermita del Vaquero, la del Espíritu Santo, la de las Candelas, la de la Soledad, la de San Antonio de Padua o la del Amparo. Hablar de todas ellas daría lugar a un nuevo artículo, que, para no cansar al lector, dejaremos para otra ocasión. . |
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