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Castillo de Trevejo. |
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Por Antonio Aparicio y José Mª Bermejo Fotografía: Ángel Hernández |
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| [Establecimientos de San Martín de Trevejo en ALEX] | ||
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La silueta del Castillo de Trevejo, desmochada
y romántica, vigila, desde un cerro granítico, las sierras de Garduño,
San Pedro, Albilla y Cachaza, y, a sus pies, al oeste y al sur, el oleaje
vegetal de viñedos, olivos, robledales y pastos, y, en primavera, el estallido
blanco y dorado de retama, genistas y escobones. Conocer
la comarca natural de Sierra de Gata significa
acercarse a comprender su paisaje, su cultura y las gentes que lo habitan.
Es una tierra salpicada de referencias históricas y culturales, poblada
de imágenes que nos hablan de un paisaje rural pleno de diversidad, donde
la gente es el último y el verdadero protagonista. Sierra de Gata es uno
de esos lugares con personalidad en el que el paso de los tiempos ha respetado
el encanto de su campiña, - ejemplo de una agricultura tradicional extensiva-
y la diversidad biológica de su naturaleza, con representantes Las formas de su arquitectura popular y el tipísmo de sus pueblos; la cultura popular y las antiguas tradiciones de su gente. La Rivera Trevejana y el Valle de Xálima nos ofrecen, sobre todo, singularidad. De la vieja fortaleza musulmana,
anterior al siglo XII, apenas hay recuerdo. Nos quedan las ruinas del
castillo erigido a finales del siglo XV y principios del XVI, con algunas
reformas en los siglos siguientes. Quedan la Torre del Homenaje y un largo
recinto irregular, con dos líneas exteriores. Ahí sigue, misterioso, ensoñado,
recordando a sus caballeros de San Juan de Jerusalén -con fugaces ocupaciones
de las Órdenes de Santiago y de Alcántara-, cobijando las tumbas de la
iglesia de San Juan, excavadas en la roca viva, y velando, en la noche
estrellada o en el fulgor del día, las casas de granito y teja árabe de
la pequeña aldea. Conjunto urbano originario del siglo XII, declarado
monumento de interés turístico, que se conserva con toda su fuerza y estructura
medieval. Del primitivo castillo alto-medieval, se conserva parte de los muros de mampostería, que actuaban a un tiempo como murallas y como muros de contención, adaptándose a la topografía del terreno. Se trata de un tipo de fortificación de origen árabe de irregulares y complejas plantas. Dispersas por los alrededores del castillo se encuentran, talladas en la roca, varias tumbas antropomorfas. Aparte del castillo debe visitarse la pequeña parroquia de San Juan Bautista, situada al pie de la fortaleza. Lo más fundamental del edificio, de una nave con cabecera cuadrada, se construyó en el siglo XVI. Interesante es la granítica torre-espadaña aneja a la iglesia y que sería parte de las defensas del castillo: muestra un escudo, posiblemente de uno de los comendadores de la fortaleza, y se elevaría en el siglo XVI sobre un torreón precedente. En Trevejo pervive la impresionante y sosegada estampa de la convivencia vecinal a la puerta de las casas, casi frenando y deteniendo el transcurso de los días. Imagen impregnada de sencillez, de humildad, adornándose con negros vestigios, con moños canosos, cigarrillos en la comisura de los labios y rostros labrados por el aire y el sol de las estaciones.
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