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PRESENTACIÓN:
La obra que ofrecemos pretende
ser un Dossier que sirva de referencia a todos aquellos amantes de la
naturaleza, concretamente de la extremeña, para poderlos poner en disposición
de calibrar con ojos científicos el tesoro natural de que disponemos en
nuestra región. Extremadura, como todos bien sabemos, goza de una gran
cantidad de ecosistemas desde las cumbres alpinas de Gredos hasta los
secarrales de la denominada Siberia Extremeña, en el Sudeste regional,
pasando por bosques, vegas, llanos y la emblemática dehesa que ha ejemplificado
de forma secular el aprovechamiento que los extremeños hacen de su entorno.
Esta
biodiversidad hemos querido plasmarla en la revista Senderos
a través de la inserción de sucesivos capítulos que irán apareciendo en
números contiguos, hasta que el lector pueda completar su DOSSIER DE ESPACIOS
NATURALES PROTEGIDOS DE EXTREMADURA (identificable en la publicación por
su ángulo superior en color verde, y con la leyenda ENP).
A lo largo del mismo, y lejos
de caer en radicalismos, tanto de carácter ecologista o proteccionista
a ultranza como en desarrollismos, intentaremos dar un enfoque imparcial
que evalúe la verdadera realidad del estado de conservación de nuestros
paisajes extremeños. Dicho planteamiento puede servir de apoyo sobre todo
pedagógico, ya que concebimos la protección de nuestros ecosistemas partiendo
de la base de que debe ser en nuestros colegios donde se geste a los verdaderos
amantes de la protección y el uso racional de nuestro territorio, concienciándoles
de que la protección de nuestros Espacios Naturales son una necesidad
acuciante en el presente, pues hemos heredado estos paisajes como un legado
del pasado, y estamos en la obligación de preservarlos y ofrecérselos
a las generaciones venideras para su uso y disfrute.
Pero ante todo, queremos dejar claro que la intención de esta
obra es presentar los Espacios Naturales Protegidos que actualmente posee
Extremadura, protección legalmente establecida mediante la Ley 8/1998
de 26 de junio de Conservación de
la Naturaleza y de Espacios Naturales de Extremadura. En cualquier
caso, debemos entender esta protección gestionada por la Administración
Pública como un afán de conseguir un aprovechamiento equilibrado y equitativo
de los recursos que nuestra naturaleza nos brinda de manera gratuita,
con el objetivo de que el ser humano lleve a cabo su desarrollo no a costa
del medio ambiente sino en armonía con él.
Así, la Administración pretende
que dichos recursos naturales devenguen importantes y fructíferos beneficios
a toda la sociedad extremeña en general, de manera que el hombre se sienta
integrado con el medio que le rodea, y sea consciente de la necesidad
de su preservación.
HACIA UNA PROTECCIÓN DEL ESPACIO:
Como hemos comentado con
anterioridad, para llevar a cabo la protección de los distintos espacios
naturales de Extremadura debemos basarnos en el apoyo y concienciación
de los escalones más bajos de nuestra pirámide demográfica. De ahí que
otorguemos tanta importancia a la educación medioambiental.
Dicha
educación, basada tradicionalmente en la tanatofilia (estudio de
paisajes lejanos, animales y plantas muertos, disecados o en fotos),
deja paso en la actualidad a un conocimiento más directo e interactivo
del medio natural, donde los escolares pueden aprender de la madre naturaleza
in situ, observando directamente los Espacios Naturales Protegidos de
nuestra región y participando de ellos, bien a través de granjas - escuela,
centro de interpretación y
diversos equipamientos que en plena naturaleza inserta la
Administración (Dirección General de Medio Ambiente de la Consejería de
Medio Ambiente, Urbanismo y Turismo de la Junta de Extremadura) para acercar
el concepto de protección natural al léxico diario de la población.
Pero ya al margen de entender
la protección natural desde un punto de vista exclusivamente pedagógico,
la Dirección General de Medio Ambiente de nuestra región pretende crear
en Extremadura una Red de Espacios Naturales Protegidos (Capítulo II de
la Ley 8/1998), basándose no sólo en el principio de conservación y protección
sino también en el de constituirse en instrumento de educación e investigación
para, al gestionarlos de manera adecuada, posibilitar la creación y el
fomento del empleo en nuestra región bajo la premisa de conseguir una
introducción equilibrada, armónica y natural en las distintas comunidades
humanas que en ella se insertan. Así, es deber de todos los extremeños
posibilitar esta labor y colaborar para conseguir un futuro acorde con
los nuevos planteamientos de relación hombre - medio.

Aunque el proyecto es
ambicioso (pues se pretenden crear Corredores Ecológicos, Parques Periurbanos,
Lugares de Interés Científico, Árboles Singulares, Corredores Ecoculturales),
en la actualidad se encuentra bastante desarrollado, pues contamos ya
con un importante conjunto natural protegido en Extremadura de más de
200.000 has., lo que supone el 5,5% del territorio regional.
Las distintas estructuraciones
de Espacios Protegidos están reguladas por Ley. Primero fue la Ley 15/1975
de Espacios Naturales Protegidos y, posteriormente la Ley 4/1989 de 27
de marzo de Conservación de los Espacios Naturales
y de la Flora y Fauna Silvestre. Actualmente, es la Ley 8/1998 de 26 de
junio, de Conservación de la Naturaleza y de Espacios Naturales de Extremadura
la que regula la protección de los distintos hábitats, aunque en algunos
espacios en cuestión coexisten varias figuras de protección, tanto nacionales
como comunitarias. (Art. 27 Ley 8/1998).
Lógicamente, este proteccionismo
no ha surgido de manera súbita sino que ha sido fruto de peticiones reivindicativas
por parte de grupos ecologistas, estudios rigurosos y científicos por
parte de investigadores y expertos en la materia, sensibilización de la
Administración Pública, etc. Todo ello con la finalidad de adecuar los
usos que el hombre lleva a cabo actualmente sobre el espacio regional
con el desarrollo y la armonía debemos buscarla en el aprovechamiento
holístico (global) de los recursos que nos brinda el campo, manteniendo
y fomentando la biodiversidad de especies, tanto faunísticas como florales,
así como el exhaustivo respeto al territorio que ocupan para, entre todos,
hacer posible un aprovechamiento, uso y disfrute equilibrado de nuestra
región.
La escasez
de habitantes (1.100.538 habitantes en 1995) sobre un vasto territorio
de 41.602 km2 , posibilita una densidad media de 25,4 habitantes/km2 ,
lo que supone un despoblamiento bastante importante de nuestro
solar regional, circunstancia ésta muy ventajosa a la hora de poder proteger
diversas áreas de nuestra geografía regional, áreas que se constituyen
en auténticos legados naturales que el hombre tiene la obligación moral
(además de económica, pues son considerados como recurso) de preservar
y, para ello, de conocer.
La protección de Espacios Naturales
en áreas deprimidas puede también suponer desde el punto de vista social
una justificación o forma de cierre de unas estructuras sociales inadecuadas
y que son fiel reflejo de los desequilibrios que encierra nuestra sociedad.
Aunque si bien es verdad que cuando se llevan a cabo programas de desarrollo
hay que tener en cuenta que dos de los pilares básicos en los que se deben
asentar son el respeto por el medio ambiente y la aceptabilidad social,
sin embargo la
realidad
es bien distinta. Ahí tenemos el caso del Parque Natural de Monfragüe,
en el que por motivos de una
conservación excesiva se está poniendo en peligro el desarrollo de la
población que allí se asienta, al no dejarla continuar con el aprovechamiento
que tradicionalmente venía realizando del entorno; con los consiguientes
conflictos sociales que ello conlleva (no hay más que echar una ojeada
a la problemática que se está produciendo en el área de Tentudía ante
la posible protección de su paisaje por parte de la Administración Pública).
Son circunstancias que se debieran
evitar para no perder el apoyo o aceptabilidad de la población ante la
protección de nuestro entorno.
No podemos pretender crear Espacios
Naturales Protegidos para disfrute de unos privilegiados, mientras que
dejamos sin tierra y sin riqueza a personas con escasos recursos, que
además de vivir en áreas deprimidas se ven privadas del sustento que desde
siempre han tenido. Ante esta problemática, no debemos olvidar que también
el hombre forma parte del ecosistema natural con sus actuaciones y aprovechamientos
del mismo. Debemos, por tanto,
proteger el entorno, pero no a costa del las colectividades que de él
dependen.
La protección debe formar parte
del mismo desarrollo, sin caer en el error de
fomentar o ampararnos en los conservacionismos acérrimos, que lo
único que hacen es perjudicar y frenar el desarrollo de una tierra que
posee un gran potencial natural, que de saberlo aprovechar, puede devengar
importantes y duraderos beneficios tanto para el medio ambiente como para
el hombre que en él está inserto y con el que secularmente ha sabido convivir.
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