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Azuaga, villa de vieja historia, se encuentra
situada en el extremo suroccidental de la provincia de Badajoz a escasos
kilómetros de la provincia de Córdoba, fue durante siglos cabecera de
la Encomienda de ese mismo nombre.
Testimonio de su importante pasado histórico
es el conjunto de notables edificios que alberga en su casco urbano y
en su entorno, muestra del relevante papel desempeñado por esta población
en la historia de la Orden Militar de Santiago. Entre estos destaca y
es el caso que nos toca tratar, la monumental parroquia advocada a Nuestra
Señora de la Consolación; segundo templo, en importancia, de la provincia,
después de la magna catedral de Badajoz. Situada al este del casco urbano,
cercana al recinto amurallado conocido con el nombre de Castillo de Miramontes,
ha constituido un hito en el desarrollo y estructura urbanística de la
villa.
Según los Libros de Visitas Santiaguistas
de 1494 sólo existían en la localidad, la ermita dedic ada
a San Bartolomé, la de San Sebastián (en la actualidad ermita de la Merced)
y la antigua iglesia parroquial dedicada a Santa Olalla. Esta última no
pudo acoger en el año 1477, dado su pésimo estado de conservación, la
celebración del capítulo general de la Orden en el que resultó nombrado
Maestre, Don Alonso de Cárdenas. A raíz de este hecho se barajó la idea
de construir un nuevo templo acorde con la importancia que poseía Azuaga,
por aquellos años. Así, a partir del 1511, según
documento extraído de los Libros de Visitas sabemos que: "fue visitada
la yglesia de Sancta María de Consolación que es la que agora nuevamente
se haze para yglesia parrochial de la dicha villa".
Si esta es la fecha inicial
de las obras, podemos establecer la de conclusión de la fábrica, allá
por el año 1538, según inscripción embutida en el muro de la escalera
de acceso al coro. Sin embargo, la ejecución de su capilla mayor, parece
retroceder hacia finales del siglo XV, dado los gruesos nervios que sustentan
la bóveda, aprovechando, al mismo tiempo, los restos de la antigua edificación
allí ubicada.
Debido a la gran calidad, su
autoría presenta no pocos problemas de identificación. En un pasado fue
atribuida a grandes maestros de la talla de Juan de Herrera o Alonso Berruguete,
máximos artífices del momento.
Estudios posteriores nos inducen
a pensar que fue alguno de los maestros canteros que durante el siglo
XVI trabajaron por buena parte de las tierras de Zafra y Llerena, el que
se encargó de dirigir la obra. Posiblemente se tratase de Juan García
de las Liebes, maestro de la Colegiata de Zafra.
El edificio responde a una concepción
de planta rectangular y alargada con tres naves y ábside en forma poligonal,
al que se adosa la sacristía, por el lado derecho o de la Epístola y otras
dependencias por el costado izquierdo o del Evangelio. En este mismo ala
se abren tres capillas cercanas a la cabecera. Llama la atención la gran
integración de todos sus volúmenes en planta, dando lugar a un espacio
unitario, gracias a la ausencia de añadidos posteriores que pudieran distorsio nar
el modelo original.
El granito y el ladrillo son
los materiales básicos utilizados en la construcción del templo. Este
granito aparece distribuido en sillares perfectamente labrados, utilizados
en pilares, contrafuertes, torre y nervios de las bóvedas. El ladrillo
se utilizará en las superficies abovedadas y en algunas partes de los
muros. "Su singular perspectiva embarga las miradas del viajero y del
observador, no encontrando límites su sorpresa y hasta encanta al contemplar
sus fachadas, columnas y capiteles: todo lleno de primores, adornos, molduras
y realces".
Si atendemos a su valoración
artística, destaca la soberbia belleza de la fachada de los pies, ideada
dentro de un estilo Gótico Isabelino, con claras influencias de estética
manuelina de origen portugués, como se pone de manifiesto en columnas
torsas, balaustradas, pináculos, en la cuerda que marca el arco conopial
de la entrada principal, así como en la rica ornamentación a base de motivos
florales.
Esta fachada está compuesta por
cuatro cuerpos, perfectamente diferenciados en altura. El primero comprende
la portada de los pies del templo que se encuentra enmarcada por dos esbeltos
estribos. La portada, propiamente dicha, está introducida en un majestuoso
arco conopial con florones, bajo éste evolucionan tres arquivoltas trilobuladas
profusamente decoradas con grutescos.
La curva central cobija una hornacina flanqueada por dos ángeles, con
un rico dosel sobre una efigie mariana que alude a la titular.
Otro arco, de tipo carpanel, se encarga de bordear el vano de esta puerta.
Todas las arquivoltas descansarán sobre columnillas mediante capiteles
muy bien trabajados. Por su parte, en el muro que completa este cuerpo
superiormente, se esbozan pilastras coronadas por pináculos y en los espacios
laterales que dejan los estribos encontramos menudas arquerías entrelazadas,
que aunque góticas por el diseño, reflejan cierto sabor mudéjar en su
disposición.
El segundo cuerpo presenta un
único vano con arco de medio punto, antepecho angrelado y deco ración
de florones en su frente, dos columnillas adosadas con fustes rematados
en pináculos sogueados flanquean este vano. Una transcripción en la separación
de este nivel con el siguiente apunta la siguiente leyenda:
"Azuaga por su bondad me fizo
y con buen zelo diso le de le reino del cielo AME"
El tercer piso contiene una ventana
geminada por un parteluz de mármol blanco, enmarcada por dos pilastrillas
adosadas. El último tramo, el de campanas, es de corte renacentista. Esta
torre mide más de 30 metros y a ella se accede por una escalera circular,
próxima a la que se dispone otro acceso que nos conduce hasta la azotea
que tiene por balaustrada pequeñas columnas salomónicas. En el centro
de la azotea se erige un remate cuadrangular con cuatro arcos en sus frentes.
Existen otras dos portadas orientadas
una al norte y otra al sur. La del lado del evangelio (norte), se llama
del Perdón, compuesta por arcos carpaneles y apuntados, enmarcados por
un gran alfiz de inspiración mudéjar. Sobresale la exuberante decoración
vegetal basada en plantas autóctona: varios tipos
de jarras, cantueso, etc. La portada
sur o del lado de la Epístola contrasta, por su austeridad decorativa,
con la anterior. En este mismo lateral sobresale la ventana de la sacristía,
estructurada como un vano rectangular en el que se realiza un sabio estudio
de perspectiva con los casetones renacentistas que la engalanan.
De igual manera transmiten un
indudable sabor gótico los arbotantes y contrafuertes que se encargan
de recoger y distribuir por los muros, los empujes ejercidos por las desarrolladas
cubiertas. Este impresionante exterior se acompaña de un interesantísimo
interior en el que sus espacios se cubren con diferentes soluciones de
bóvedas de crucería, destacando las estrelladas del tramo de la nave central,
próximo a la cabecera, la del sotocoro y la de la sacristía.
Aunque intenso, el ajuar artístico
de esta parroquia ha sufrido importantes pérdidas durante estos dos últimos
siglos, nos referimos al retabl o
mayor de traza clasicista realizado por Juan de Oviedo "el Mozo" en 1589
y un órgano fabricado en el siglo XVIII, destruidos durante el conflicto
bélico nacional del 36. Aún se conservan una riquísima colección de piezas
de orfebrería fechables entre los siglos XVI y XIX, un singular crucificado
en marfil y una interesante muestra de la rejería bajoextremeña de los
siglos XVII y XVIII. Sin olvidar, por supuesto, la impresionante pila
bautismal de barro vidriado, modelada en los vecinos talleres sevillanos.
Este templo
ha sido objeto, recientemente, de, un afortunado proceso de restauración,
llevado a cabo por la Escuela taller de la localidad.
En suma, la sabia conjunción
de elementos góticos y renacentistas en la decoración de la torre y en
la ejecución del templo, ponen de manifiesto que el maestro que la llevó
a cabo fue un gran conocedor de la estética gótica y de los nuevos aires
renacientes del siglo XVI, creando un irrepetible y monumental conjunto,
de belleza y armonía incomparables.
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