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EL
CORPUS CHRISTI DE SAN VICENTE DE ALCÁNTARA |
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Con
el paso de los años se van aglutinando nuevas ideas por parte
de los ciudadanos sanvicenteños y los típicos adornos
florales a lo largo y ancho de las calles que forman el recorrido de
la procesión dan paso a la realización desde la tarde
anterior a la celebración y a lo largo de toda la madrugada
de dibujos sobre el asfalto con distintos mensajes, siendo rellenados
estos con serrín de corcho y madera que anualmente donan los
industriales locales de ambos sectores y que es teñido con tintes
de colores diversas en los días previos a la celebración
por entusiastas hombres y mujeres que anual mente renuevan su ilusión
por hacer que la fiesta vaya a más, confeccionándose
así maravillosas alfombras Tras más de veinte años de existencia
son muchos los reconocimientos públicos, gran número de
ellos desde los medios de comunicación, que está recibiendo
la festividad del Corpus Christi de San Vicente de Alcántara,
fiesta muy asentada gracias al buen trabajo de todos los sanvicenteños,
por lo que tras su mayoría de edad afronta retos mayores y se
encamina ya a cumplir los requisitos indispensables para solicitar ante
la Conserjería de Obras Públicas y Turismo de la Junta
de Extremadura su declaración como Fiesta de Interés Turístico
Regional, declaración que! de producirse, vendría, sin
duda alguna, a realzar aún más una fiesta intrínsecamente
religiosa con ribetes turísticos y promocionales para una localidad,
San Vicente de Alcántara, que tiene en dicha celebración EMILIO JOSÉ RODRÍGUEZ BRIEGAS
Desde tiempo inmemorial existe en San Vicente de Alcántara
esta festividad coincidente con los últimos días de septiembre.
En la mayoría de los pueblos españoles las ferias locales
se celebran acompañando a alguna efeméride religiosa; no
así en San Vicente, puesto que no se conserva dato alguno en relación
a San Miguel, del cual no hay ni imagen en la parroquia. La primitiva
feria de ganado aprovechó las postrimerías del verano para
su instauración. En siglos pasados nuestro pueblo era eminentemente agrícola.
Segadores! hortelanos y ganaderos festejaban el final de una temporada
y se preparaban para el comienzo de otra. En San Miguel se abonaban los
arrendamientos de fincas, se contrataban las aparcerías y se hacían
las ventas de grano. Todo acababa en San Miguel y, a la vez, también
todo empezaba el 29 de septiembre. La feria de ganado iba acompaña
da de bailes, atracciones infantiles y los famosos puestos de turrones
y juguetes que se instalaban en la plaza. Después, con la industrialización
y expansión de los procesos mercantiles del corcho, San Miguel
fue perdiendo su carácter pura mente ganadero y agrícola,
para ir pasando a ser lo que conforma en la actualidad: el festejo popular
más importante de la comarca. A pesar de que en las décadas
de los 60-70 San Miguel sufrió un notable decaimiento, limitándose
apenas a algún estreno cinematográfico del más rancio
cine folklórico nacional y a las socorridas vela das de los casinos,
es a partir de los 60 cuando la feria pasa a subtitularse Fiestas del
Corcho, adoptando aire andaluz en cuanto a su estructura, y ya en los
90 eclosiona con fuerza para atraer al real a la gente de cualquier edad
de los alrededores. Si el Corpus es un festejo religioso que necesita
del trabajo de los san vicenteños, San Miguel sólo busca
la diversión, ya que se lo dan todo hecho. Desde los concursos
de animales de compañía hasta la pista de coches chocantes,
pasan do por la elección de las Mises, la maratón de fotos,
los conciertos de bandas de música, los desfiles de cabezudos,
el rodeo, el pequeño tren urbano, los churros, las tómbolas,
la puerta de luces, las competiciones deportivas, los farolillos, los
top-mantas, los rebujitos, las case tas hasta la madrugada y algún
recital de música en directo, Siempre clamará una voz pidiendo más.
Siempre protestará un vecino a causa del tumulto. Siempre aparecerá la eterna quererla del eterno descontento con el mundo. Pero los sanvicenteños estarán tan ocupados con la juerga, tan agotados con el continuo trasiego de case tas, tan felices en sus ronqueras que pasarán de aquello que no sea la alegría. San Vicente tiene en San Miguel su trampolín al esparcimiento. Y así lo entendieron las poblaciones que lo rodean. Al final del verano, los senderos de Extremadura conducen, inevitablemente, a San Vicente de Alcántara. JOAQUÍN BELTRÁN SALGADO
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© Senderos de Extremadura, 1999. Queda prohibida la reproducción de la información gráfica y escrita sin autorización del editor |
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