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El Festival Medieval de Alburquerque nace
en el verano de 1994 con el objetivo de aprove char
la riqueza histórico - cultural y patrimonial de esta villa, así como
recuperar la forma de vida y costumbres de una época en la que convivieron
diversas culturas en el intramuros del Castillo de Luna, impresionante
mole rocosa que domina la vasta extensión de este término horadado por
la Sierra de San Pedro.
Así, caballeros, cortesanos, juglares,
pordioseros, artesanos y demás personajes propios del medievo se dan cita
cada año en este magno evento, que el pasado año recibió más de 15000
visitantes procedentes de Extremadura, pero también de otras regiones
españolas y extranjeras, especialmente portuguesas.
REVALORIZACIÓN DEL MARCO MONUMENTAL:
Al desarrollarse en escenarios naturales
como el Castillo de Luna, recinto amurallado, barrio
medieval, y en otros rincones de la villa, permite que miles de
personas conozcan, admiren y valoren la realidad histórica y monumental
de este p ueblo
extremeño. Como si de un sueño se tratase, el visitante se adentrará en
un mundo de fortalezas que alzan su mirada hacia el horizonte portugués
y encierra la sombra de un pasado de nobleza y villanía.
RECUPERACIÓN DE COSTUMBRES ANCESTRALES:
Todos los actos que se realizan conllevan
una recreación de costumbres ancestrales propias del medievo. Así, el
visitante será testigo de torneos a caballo y a pie, de autos de fe, quema
de herejes, bailes aldeanos y cortesanos, boda medieval, torturas….Todo
ello enmarcado en calles y ladera del casillo, engalanadas a la antigua
usanza. Importante protagonismo cobra, en este aspecto, el mercado medieval,
en el que se puede ver, desde el zapatero remendón, hasta queseros, dulceros,
herradores y demás.
RECUPERACIÓN DE LA HISTORIA:
Los vecinos ponen en escena, cada año,
un pasaje de la historia de Alburquerque. Con la recreación de estos se
pretende que se conozcan los distintos episodios acaecidos en esta villa,
contribuyendo así, al e nriquecimiento
cultural de los propios habitantes de la localidad y de los visitantes.
RECUPERACIÓN DE TIPOS SOCIALES:
Resulta
impresionante la galería de personajes que deambulan por toda la localidad
durante el evento. Desde el mendigo más harapiento al más rico cortesano,
todos perfectamente caracterizados, se mezclan y conviven creando la ambientación
idónea.
En
los días que anteceden a la gran noche de celebraciones se representa
la obra de Miguel Murillo, El Águila Blanca, aprovechando el mágico escenario
natural del Castillo de Luna. Ésta recrea el cerco al que el Condestable
Don Álvaro de Luna, valido del Rey Juan II de Castilla, somete
al Castillo de Alburquerque para conseguir su rendición y entrega
de los Infantes de Aragón, que habían ocupado la fortaleza.
En ella participan doscientos vecinos de
la localidad dirigidas por Diego Valle.
El barrio medieval es el gran protagonista
en el primer día del Festival, casas ambientadas a la antigua usanza,
boticas, sinagogas, mesones, museo viviente en el castillo… y las calles
engalanadas con el atrezzo de la época, dan paso, ya en la noche, al concierto
de música medieval celebrado en la iglesia gótica de Santa María del Mercado,
situada a los pies del castillo.
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Así llegamos al día principal. Cientos
de visitantes entran, desde primeras horas de
la mañana, en el túnel del tiempo y alcanzan una villa medieval en todo
su esplendor. Durante del día deambulan por las
estrechas callejuelas de la Villa
de Adentro, topándose con una galería de personajes extraídos de la época
recreada. En el interior del Castillo de Luna un museo viviente recrea
escenas vividas del acontecer cotidiano en los intensos años del siglo
XV.
Los vecinos del barrio intramuros abren
sus casas ese día y muestran en su interior retazos sorprendentes de la
historia, secretos que guardaban celosamentes y que gracias al Festival
Medieval han comenzado a salir a la luz.
En los mesones distribuidos por las empinadas
e irregulares calles de ese barrio, den ominado
también de la Teta Negra, se degustan platos y bebidas típicas y algún
que otro vecino, moro, judío, cristiano, nos reconfortará con un trago
de vino o de algún que otro menjunje.
De pronto, sin darnos cuenta, llega la
tarde. Un ruido de tambores y de cascos de caballo anuncia el gran desfile.
Más de mil vecinos lucen por fin los trajes que a lo largo de todo el
año han confeccionado con paciencia y esmero. Ellos conducen a los actos
nocturnos celebrados en las laderas del Castillo. Allí les espera un amplio
mercado medieval donde artesanos y comerciantes alternan con leprosos
y pedigüeños, prostitutas y curanderos. De pronto, se oye un rumor que
envuelve las mágicas laderas como presagiando la noche trágica. Una amplia
comitiva se dirige al palenque donde se celebran las justas a caballo
y a pie. Empieza a correr la sangre que, aunque alternando con los actos
de jolgorio y alegría, estará presente, junto al fuego, en las horas oscuras
que conducen a la madrugada.
El
visitante, sin ser consciente de ello, quedará atrapado en la espiral
del tiempo. Beberá vino en vasijas de barro y comerá de sus propias manos
sin utensilio alguno. Se verá sorprendido por alguna pobre, pero bella
dama, que le ofrecerá sus favores a cambio de unos diezmos o por algún
ladronzuelo que le hurtará unas monedas y se dará a la fuga perdiéndose
entre la multitud. Pero no todo serán sobresaltos. En la boda medieval,
en los bailes aldeano y cortesano, en la danza mora o en cualquier banquete
hay tiempo para el relax y la emoción.
Las gentes del pueblo, de manera desinteresada,
ensayan las diversas escenificaciones, torneos, autos de fe, akelarre,
boda, venta de esclavas, quema de herejes, danzas…para luego representarlas
en el Festival Medieval que este año cumple su sexta edición.
Todos los gastos se sufragan con fondos
públicos: Ayuntamiento de Alburquerque, Consejería de
Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura
y Diputación Provincial de Badajoz y privados gracias a la colaboración
de empresas de la localidad. No en vano, la masiva afluencia de turistas
que acuden al espectacular evento se hace notar en la economía de diversos
sectores, especialmente la hostelería, la bollería, en tanto que la villa
posee una amplia y exquisita gama de dulces caseros y el sector cárnico,
el más conocido y renombrado gracias a los jamones y embutidos derivados
del cerdo ibérico de bellota.
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