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Las
Hurdes se definen por sí solas como un lugar de sensaciones que difícilmente
se pueden explicar con palabras, y que sólo se pueden descubrir acercándose
a ellas. Llegar a las Hurdes significa un reencuentro con lo tradicional,
una tradición que se mantiene viva con el paso de los siglos y que constituye
una imagen que identifica sus pueblos y a sus gentes. Sin duda alguna,
al visión de Las Hurdes se centra en su arquitectura vernácula, fiel reflejo
del devenir del pueblo hurdano, de su lucha constante por extraer de su
tierra las escasas posibilidades que ésta ofrece, dándonos a entender
que "conocer no es sólo mirar sino sentir que nos abandonamos hacia el
pasado y tratamos de comprender así lo que aparece entre nuestros ojos
de curiosos viajeros".
Al
oír mencionar el nombre de Las Hurdes nos viene a la cabeza esa imagen
de pueblos pequeños llenos de casa de piedras y pizarra, y de un entorno
paisajístico que ha sabido amoldar esos encantos que surgen arañados de
la tierra, fruto de es esa "ciencia arquitectónica" que sólo mantiene
el saber popular.
Hablar de arquitectura de Las
Hurdes supone entender y descubrir lo que de peculiar y autóctono tiene
el fenómeno constructivo hurdano, diferenciando la arquitectura vernácula
(aquella que reclama ancestrales raíces culturales), de la que es fruto
de la invasión cultural de otras zonas. Este argumento nos permite analizar
las tipologías constructivas hurdanas y sus dimensiones dentro del ámbito
rural en donde se desenvuelve.
Los asentamientos hurdanos presentan
unas características peculiares derivadas de su ubicación sobre un complejo
y fragmentado relieve, en donde las técnicas y formas empleadas suponen
una perfecta adaptación de "lo urbano al medio".La topografía y el régimen
fluvial son dos elementos muy importantes dentro del proceso de desarrollo
urbanístico en Las Hurdes, dando a entender que los pueblos surgieron
como consecuencia de una unión natural entre hombre y naturaleza. Pero
no debemos olvidar que la casa típica hurdana evoluciona atendiendo a
razones ahora de tipo sociológico y cultural, y no paisajístico.
La casa hurdana, en sus orígenes,
no fue concebida como lugar de esparcimiento y disfrute como lo entendemos
hoy en día, sino que fue considerada como un "objeto" de utilidad práctica:
comer, dormir y guardar el ganado. Pero, ¿cómo es la casa típica hurdana?
El
terreno abrupto e irregular ha establecido un modelo de casa hurdana pequeña
y sencilla de formas, en donde la simplicidad de sus materiales, piedra
y pizarra, dan vida a la simple austeridad. Piedra sobre piedra se levantan
muros, sin argamasa ninguna, sustentados por el propio peso de las mismas.
De planta cuadrada (que parecen hechas con tiralíneas) o redonda (que
parece dar movimiento), la casa hurdana responde al exterior con una construcción
de una planta, recubierta con lanchas de pizarra montadas una sobre otras,
sujetas por grandes maderos de castaños. En el interior, se organizan
varias instancias diferenciadas: una, doméstica, compuesta por alcobas
y la cocina (de lanchas); y otra, para los animales.
Tanto
interior como exterior, las formas buscan un porqué, relación y utilidad. La
escasa altura que tiene la casa hurdana es consecuencia de la hostilidad
del terreno que no permite otra cosa, hecho que provoca que muchas veces
los pueblos se confundan con el paisaje. La típica casa hurdana presenta
escasos huecos al exterior, y los que están, lo hacen de manera aleatoria,
y solamente se van teniendo conceptos de apertura cuando la casa va evolucionando
hacia nuevas alturas, y desaparece de las viviendas más simples la única
puerta de entrada tanto para animales como para personas, puerta de escasa
altura, dato esencialmente peculiar.
Los tejados están hechos con
lanchas de pizarra, traídas de los lancheros a lomos de las caballerías,
y que superpuestas unas sobre otras, conforman el entramado escamoso de
la cubierta. El peso de todas ellas lo soporta un gran "carguero" de madera
de castaño que la función de viga. Cabe señalar un dato que pasa desapercibido
a los ojos del viajero, y es que la vivienda típica hurdana carece de
chimenea, en donde el humo de la cocina se filtra entre la pizarra cumpliendo
una función fundamental: servir de elemento secante en el interior.
Aparecen
los balcones, elementos a la vez decorativos y utilitarios, como consecuencia
de una reestructuración interna de la casa, sirviendo alguno de ellos
como improvisados sequeros de productos de la huerta. El elemento común
a todos ellos es que están colocados sobre lajas de pizarra colocadas
ellas de canto, ofreciendo así una mayor sujeción y resistencia. El enrejado,
es un elemento que se incorpora en épocas recientes, siendo muy similar
en todos ellos. Los muros exteriores son lisos, interrumpidos
por ocasionales "poyos", que si en un principio servían para sujetar la
carga de leña y otras posesiones, ahora es un lugar para el descanso y
disfrute de la tranquilidad de la calle, como así ocurre en los "seranos"
del verano, reuniones nocturnas en donde los vecinos charlan y comentan
sus cosas.
Estudiada la casa hurdana por
fuera, su interior también nos depara características muy peculiares.
Como se ha dicho anteriormente, la típica casa hurdana dispone de estancias
tanto para animales como para personas. Los animales se ubican en la parte
de abajo, en un lugar inferior incluso de la línea de la calle, y las
habitaciones para su uso doméstico están en la parte superior (muy escasas),
separadas por una escalera en pendiente, generalmente de madera o de lanchas.Posteriormente,
el corral será una construcción externa, aledaña a los perfiles de la
casa.
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La arquitectura hurdana tiene
sus propios modelos influenciados, como se ha dicho, por el medio físico
en el que está inserto, de ahí que surja un tipo de vivienda bio-climática
muy característica. Así lo demuestra las casas unidas unas con otras para
aprovechar el terreno; la presencia de callejones ciegos que no llevan
a ninguna parte; la existencia de calles no como vías de acceso, sino
como separación de viviendas (en algunas alquerías, puede existir una
calle principal que la vertebra, saliendo de ella distintas direcciones
a casas), etc.
Muchas interpretaciones se pueden
formular en torno al tipo de construcciones hurdanas, sobre todo las referidas
a las viviendas de tipo redondo, que aventuran la posibilidad de un origen
"preindogermánico", muy propias de nuestros pueblos y culturas pastoriles,
como Las Hurdes, que muestran un modo de vivir característico, mostrando
la precariedad de los materiales y la facilidad en la edificación.
Aportados estos datos esenciales
a los ojos del viajero podrán entender el porqué de un tipo de construcción;
podrá comprobar detalles que pasan desapercibidos, pero sobre todo; comprenderán
un modo de vida dentro de un contexto muy bien delimitado. Esto son Las
Hurdes, y es aquí donde los hurdanos vivimos.
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Nucleos
de interés
No
son muchos los núcleos que aún mantienen intactos los rasgos definitorios
de la tradicional arquitectura hurdana, pero aquellos que lo conservan
lo hacen con todo su esplendor y son dignos de admirar. Así pues, el recorrido
recomendado para observar con detenimiento el paisaje urbanístico sería
una visita guiada por las denominadas "Hurdes Altas".
Comenzaríamos
por
la alquería de la Horcajada, originario asentamiento en torno a un arroyo
y de casas de escasa altura, para seguir posteriormente, a poca distancia
hacia la alquería de Aceitunilla, construida sobre las curvas de nivel
en forma de abanico.
Es muy característico encontrarnos
aquí con viviendas curvas y de tejados con vuelo muy corto. Ya adentrados
en el valle del río Malvellido, podemos encontrarnos con la esencia misma
de Las Hurdes. Cerezal nos presenta una única calle principal de la que
salen distintos ramales (excepcional en cuanto al modelo constructivo
en forma de manzanas); Fragosa sigue las curvas de nivel en zig-zag, en
donde las viviendas aprovechan el subsuelo para ubicar la cuadra para
los animales, con cubiertas de una vertiente sobresaliendo sobre canes
de madera; Martilandrán, con casas de módulo simple y una planta de tipo
semicircular con tabicación horizontal en el interior; y El Gasco, que
se eleva sobre fuertes pendientes y curvas de nivel en zig-zag, con viviendas
de una o dos alturas aprovechando el subsuelo para la cuadra. Ventanas
estrechas y pequeños balcones sobre lajas de pizarra. Es de destacar,
la decoración sobre las puertas.
Aunque sea aparte de este recorrido,
merece la pena destacar la arquería de Ríomalo de Arriba, ya en el municipio
de Ladrillar, que mantiene intacta su estructura urbanística de antaño.
Alzado sobre las curvas de nivel en forma de abanico, en donde se pueden
apreciar dos formas de construcción distintas: en la parte superior, viviendas
de dos alturas, con doble puerta y muros curvos; y en la parte media y
baja, las casas alcanzan alturas de dos plantas, con balcones sobre lajas
de pizarra y tejados a una pendiente.
Bibliografía
recomendada
MARTÍN GUTIÉRREZ,
Mª Luisa. La casa hurdana. Apuntes hurdanos nº 1 (nov. 1997), 8 p.
PIZARRO GÓMEZ,
Francisco Javier. El paisaje arquitectónico- urbanístico de las Hurdes.
Revista de Estudios Extremeños, t.XLIII, n.III (sept-dic. 1987), p.827-847.
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