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El
problema que tiene planteado mi pueblo y sus gentes es que no nos atrevemos
a explicar con seguridad a qué se debe el nombre de la fiesta,
por qué la palabra "ramo" se introduce en la expresión,
qué origen o causa justifica tal palabra en una fiesta de tanta
raíz.
Una primera constatación nos señala que "El Ramo"
tiene un elevado componente religioso, que la fiesta se adjunta y se construye
con la secular costumbre de celebrar la alegría de la cosecha agropecuaria.
No obstante este primer apunte de explicación no tiene fundamentos
indiscutibles; tanto en Casar de Cáceres como en los pueblos de
los Llanos de Cñaceres, el rendimiento agropecuario está
ya definido por el mes de julio, como mucho. Por esta razón se
puede entender que en la inmensa mayoría de los pueblos cacereños
las fiestas se presentan alrededor de los primeros días del mes
de agosto. La proximidad de la celebración religiosa del día
de la Ascensión, hace que no sea forzada la fiesta de Nuestra Señora
de Agosto en plena mitad del mes en que se han recogido prácticamente
todas las cosechas. Si bien Casar de Cáceres también tiene
su fiesta de altura el 15 de agosto, no es hasta el primer domingo de
septiembre que se constituye la fiesta primordial y ancestral. Evidentemente,
El Ramo no sabe escaparse de su componente religioso.
Entre
otras cosas, las Fiestas del Ramo requieren y exigen la organización
de la Mesa de Ramo de Ánimas, mesa de ofrendas compuestas fundamentalmente
por donativos de vecinos y familiares a la familia que tiene la responsabilidad
de la mayordomía de la Cofradía de Ánimas. Una de
las características tradicionales de la Mesa es rodearla con las
cuatro bancas de ánimas, de madera tallada, donde solían
sentarse las autoridades, familiares o cofrades; también es requerible
que la mesa esté rodeada de cuatro grandes ramas de encinas, que
en la víspera de habían cortado y clavado en el suelo simulando
una acertada estética rústica. A mí no me parece
muy plausible que el nombre de la fiesta provenga por contagio semántico
de los "ramos" de encina que adornan las cuatro esquinas de
la Mesa de Ofrendas; en Casar de Cáceres, a nadie del pueblo se
le ocurre señalar por tal nombre a la cosa; a la gran rama de encina
(y cuanto más grande, mejor) se dice "pernado" en boca
de algún purista del lenguaje. ¿Cómo se va a llamar
ramo a una cosa que se llama pernao?. Otra explicación apunta a
considerar que el nombre de la fiesta reminiscencia celta, recogida simbólica
del árbol y su fruta como resumen de todo tipo de cosecha; pero
dada las condiciones climatológicas de la zona, no parece consecuente
admitir que la Fiesta del Ramo sea aquella destinada a la celebración
de frutos de árboles de estos lugares; pues, el fruto de los árboles
de las escasas huertas su fruto ya se ha recogido y los frutos de las
abundantes encinas aún están por significar. No parecería
tampoco acertado explicar la expresión como permanente recuerdo
ancestral a los árboles y sus frutos.
Lo
único documentado y certero que disponemos es que las Fiestas del
Ramo culminan un año de rito religioso, de compromiso de creyentes
representados por la Cofradía de la Ánimas. El Mayordomo
de la Cofradía organiza una mesa de ofrendas, compuesta por las
viandas más exquisitas procedentes de la buena fama de tal cocinera
de prestigio. Así mismo, se han guardado con mimo para la ocasión
las mejores sandías de invierno, los melones más hermosos,
quesos, jamones, dulces, tartas, y diversos guisos bien pertrechados de
cuidadosas y esmeradas decoraciones. Así la familia que participa
adquiriendo un plato en subasta de la Mesa asegura que para ese mediodía
o para esa noche, no tiene por qué preocuparse en cocinar. También
se muestran los mejores quesos, gallos de campo, todo un repertorio variado
por el que disfruta viendo, pujando y después degustando.
El resto de la fiesta
no es otra cosa que seguir los rituales antropológicos que incitan
a la cohesión social: se procuran vestir con las mejores galas,
abundar los bolsillos con monedas, distinguirse como adultos generosos,
comprar turrón o almendras garrapiñadas, bailar y participar
dela fiesta de los toros.
No podemos los casareños
atribuirnos ninguna particularidad expresa y distintiva de nuestra fiesta
en referencia a la música, al baile o a cualquier otra actividad
lúdica. Suponemos que a lo largo de los años, la población
ha ido adaptando las nuevas costumbres para añadir diversidad a
lo rutinario de la festividad.
La infancia
se alegra con las máquinas de ferias, las golosinas de ferias y
las experiencias de ferias, experiencias que son vividas poco más
de una vez por año.
La importancia
y peculiaridad anual no es otra que es el elemento que verdaderamente
da sentido y justificación de la fiesta: la Mesa del Ramo. Y todavía
nos queda sin aclarar si la fiesta recibe el nombre de la mesa de exposiciones
y pujas o es en nombre de la fiesta quien presta el vocablo a tan tradicional
subasta. Nosotros creemos que sólo hay una forma de saberlo, que
consiste en acercarse el día de la ocasión (recuerde, primer
domingo de septiembre) e indagar entre el vecindario para seguir recopilando
dudas, que es lo que hacemos los casareños años tras años
sin haber resuelto aún el misterio,... pero nos va bien.
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