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FIESTAS DEL CRISTO DE LA REJA Y CAPEAS. SEGURA DE LEÓN |
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Andrés
Oyola Fabián. |
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APUNTES HISTÓRICO sobre la devoción al Cristo de la Reja Cuenta la leyenda que la imagen del Cristo fue encontrada por un labrador mientras araba precisamente en las tierras donde ahora se levanta su iglesia, que se sitúa a poco más de un kilómetro al suroeste de la población: la reja del arado habría hecho aflorar la talla de Cristo; de ahí el nombre de esta advocación. La verdad histórica resulta ser más sencilla. Esta imagen del Crucificado, que no procesiona nada más que en ocasiones señaladas, debió ser traída por los franciscanos a finales del s. XV o principios del s. XVI. Poco a poco iría ganando la devoción de los segureños hasta que desde principios de la centuria siguientes se convirtió en el referente central de la religiosidad local, alcanzando gran difusión en toda la comarca. Mucho tuvo que ver en el logro de la fama taumatúrgica que adquirió esta imagen del Crucificado el milagro de la curación de un tullido que tuvo lugar en 1630, según refiere la Crónica frnaciscana de 1667. Se celebraba la misa solemne en ocasión de ser elevado a la reja que sostienela tribuna-altar donde hoy se venera la imagen y que es lo que le da nombre, cuando un hombre totalmente imposibilitado comenzó a andar sin ayuda de nadie. Consolidada su devoción, se acudió individual y comunitariamente al Cristo de la Reja en todas las sequías, epidemias, guerras, aflicciones personales de todo tipo, encomendándole su remedio. Cuando en 1807 Carlos IV concedió feria de sayales y ganado de cerda a la villa, en coincidencia con las fechas de los días 13, 14 y 15 de septiembre, quedó claro el relieve que en estos tiempos habían alcanzado ya los festejos en honor del Cristo de la Reja, según se hace constar en la concesión real, y que hacemos extensibles tanto a los de carácter taurino, vinculados a esta festividad en exclusiva desde 1786.
LAS CAPEAS SEGUREÑAS, UNA TRADICIÓN
DE ORIGEN MEDIEVAL
De la forma más común de organizarse las celebraciones taurinas en prácticamente todas las poblaciones de La Sierra, andando el tiempo sólo en Segura de León permanecerá la costumbre ancestral de encierro y lidia de las reses a modo que la tradición medieval había establecido. La villa que pudo haber levantado en su castillo plaza de toros, como se hizo en el caso de otras poblaciones andaluzas y extremeñas del entorno desde el s. XVIII, no llegó a consumarlo, tal vez porque disponía de un escenario que ha visto celebrar entre sus esquinas festejos taurinos desde finales de la Edad Media y también porque los vecinos han hecho gala de gran afición y voluntad arraigada de mantener sus festejos tradicionales, contra la que poco pudieron las presiones gubernamentales ni los sucesivos reglamentos taurinos. El escenario referido no es otro que su plaza mayor, lugar de mercados desde el que Fuero de Población, así lo dispusiera allá por el año de 1274. Por su amplitud resulta la plaza apta para toda clase de manifestaciones civiles y religiosas que precisan de un escenario apropiado, desde las procesiones cofradieras hasta los festejos taurinos, para los que se disponía y dispone toda una arquitectura efimera como se dirá. LAS CAPEAS EN LA ACTUALIDAD Tienen lugar del día 13 al 18 de septiembre con algunas oscilaciones de fechas condiconadas por el fin de semana inmediato. En total se celebran ocho capeas, seis vespertinas más dos becerradas matinales en diversos días del ciclo, una para mujeres y otra para niños, éstas últimas innovaciones del último tercio de este siglo.
La Asociación local de Ganaderos Amigos de las Capeas, creada en los años noventa, ha dado forma a las tradicionales reuniones de ganaderos convocadas para la organización de las capeas segureñas. Se encarga de seleccionar las ocho ganaderías que cada año protagonizará las fiestas y que son cedidas gratuitamente par disfrute de todos. Aunque no consta con certeza, es esta una obligación que los ganaderos locles se echaron encima tal vez a partir de la desaparición de la Boyada del Concejo, a mediados del s.XIX y a impulsos tanto de la propia afición a las capeas como del deseo de lucir su ganado en las fiestas mayores de la villa.
La plaza mayor o de España se acondiciona a la forma tradicional, es decir, levantando una arquitectura efímera de madera o cinturón de tablaos (veintitrés en total) o tribunas adosadas a las casas fronteras a la plaza. Son levantados por peñas de amigos o familiares que se pasan de padres a hijos su posesión y disfrute, por los que además aportan como impuesto cierta cantidad para colaborar en los gastos de las capeas. Es otra de las peculiaridades de las capeas segureñas: no es el ayuntamiento, sino los vecinos quienes corren con el gasto de la madera necesaria para el desarrollo de las capeas. El tablao se alza sobre seis maderos de pinos clavados en tierra, reforzados a veces por alguna rabiza; a unos tres metros de altura se traman palos más delgados, sobre los que se cosen con sogas o se clavan las tablas que soportarán a cuantos espectadores escalen a su altura para contemplar el juego de las reses: verán desde aquí o desde los balcones de las casas aledañas cuanto suceda en el coso en que se convierte la plaza durante estos días. Las troneras o burladeros se construyen bajo los tablados o pegadas a los muros de las casas de la plaza, también por peñas de amigos o familiares que conservan su titularidad de un año para otro. De ellas la más famosa es la llamada tronera del miedo por estar situada en la querencia de las reses o entrada y salida de la plaza a la hora del encierro y lidia de cada día. Las seis esquinas o bacacalles de la plaza (la del Dulcero o del Paseo, la de los Recreativos, la del Ayuntamiento, y la de la Violetera, más las de la corralá y la de la salida de las vacas) se cierran con grandes tablones acondicionados ex profeso. Tiempos atrás se tapaban sólo a la hora de la lidia o toreo de la capea; en la actualidad están cerradas ya para la hora de la entrada, por exigencias de seguridad. El suelo de la plaza, hasta hace unos años en tierra y ahora empedrado, se cubre de arena para facilitar las carreras de reses y mozos. Todos los días se procede a su riego antes de que empiece la capea.
LOS PROLEGÓMENOS: El homenaje a la tranca, proclamación de la Vaquera mayor y zagalas y pregón de fiestas La Tranca ha llegado a ser símbolo y emblema de las capeas, por cuanto que la instalación de este arilugio de madera en forma de Y, que servía para sostener las vigas mayores del maderamen de las portadas, supuso durante décadas la señal de que se contaba con permiso gubernamental para celebrar las fiestas de septiembre. Autorizadas definitivamente en 1967, la colocación de la tranca ha quedado en homenaje a la misma como primer acto ritual de la fiesta que tiene lugar hacia el 10 de septiembre. Los mozos la bajan desde el castillo a la plaza haciendo además de arremeter con ella a los viandantes o a la chiquillería que ya empieza a vivenciar así las capeas. Luego queda instalada en la esquina que da entrada a la capea y salida a cada vaquilla, después de ser toreada. La proclamación de la Vaquera mayor y sus zagalas y el Pregón de Fiestas tienen lugar desde los balcones del Ayuntamiento la noche víspera de la primera capea de cada año, a la terminación del último día del quinario en honor del Cristo de la Reja. En 1966 se pronunció el primer pregón de capeas, y en 1968 se proclamaron la primera vaquera mayor y sus zagalas, denominación que mantienen hasta el presente las jóvenes segureñas que presiden anualmente las fiestas. En la actualidad son cuatro las zagalas que acompañan a la Vaquera mayor durante todos los días de capeas que presiden con ella desde el balcón central del Ayuntamiento. Terminado el pregón se procede a la inauguración de la verbena popular que estará animada por diversos conjuntos musicales. EL DESARROLLO DEL FESTEJO TAURINO El paso del
tiempo ha desarrollado y fijado todo un vocabulario que ha dado uncódigo
audiovisual perfectamente definido para los segureños. Las capeas
han llegado de ser todo un rito, una suma de gestos, vocablos, olores
y sabores, todo perfectamente ritualizado y por toanto ordenado, contra
quienes piensan que la capea es algo anárquico, porque se considera
desde la óptica de la corrida ajustada a la normativa del reglamento
taurino de turno. Valga un ejemplo. Una vez encerrado el ganado en la
corralá, repetidos golpes de garrote dado por los vaqueros sobre
las tablas de la portada, anuncian que el toreo de las reses va a comenzar
y por tanto que se tomen precauciones. Una vez toreada la res, nuevos
golpes de garrote en las tablas de la corralá transmiten la orden
de que el vaquero que está mandando en la puerta de salida la abra
para la vaca de turno. Igualmente se procederá tras el descanso
que se hace después de transcurridos dos terceras partes de la
capea, cuando se procede a reiniciarla. LA CAPEA Empieza invariablemente a las 6 de la tarde, al grito infantil transmitido de tablao en tablao de A encerrá que se va la tarde. Este segundo encierro de toda la vacada no deja de tener sus emociones, por cuanto que no siempre resulta fácil ni rápido conducir al ganado hasta la corralá. Si alguna vaca despunta y se vuelve contra los que pretenden encerrarlas, tira de la manada y dificulta y alarga el encierro. Cuando se consigue en poco tiempo se premia con una cerrada ovación la habilidad de los vaqueros de turno.
La capea ha hecho famosos a ganaderos, vaqueros, toreros y reses, como queda patente en la memoria colectiva de Segura. Hablar de "las de los Alba", "las de D. Antonio el alcalde", "las de Manuel Rey, "las de Eduaro", "las de Benito Pina", "las de Garrido", y un largo etc. no es más que rememorar tardes de emocionantes capeas y de incidencias múltiples, en las que impusieron repetidamente su bravura vaquillas como la de Pepa, la Ceniza, la Jirafa, la Joreá o la Gacha, por citar sólo unas cuantas famosas en el último medio siglo. Las mismas que fueron sabiamente manejadas por vaqueros como Menene o Jesús, o toreadas por Azaña, Canuto, Antonio el Madrileño y tnaos otros, o ...¡por la sotana torea del cura D. Carmelo!, el párroco de Segura en los últimos cuarenta años y aficionado empedernido donde los haya. Terminada la capea de cada tarde, ganadero y vaqueros son aplaudidos y paseados a hombros por los mozos si la capea ha resultado brava y del interés y emoción de toreros y espectadores. Tras un alto después de la capea, la diversión se continúa con una animada verbena en el paseo, paralelo a la plaza, que así intercambian por momentos el protagonismo espacial de la fiesta. Populares conjuntos musicales animan el baile verbenero de grandes y pequeños hasta altas horas de la madrugada. Este es en resumida reseña la historia y desarrollo de estas tradicionales y arraigadas fiestas de Segura de León que recientemente han merecido de la Junta de Extremadura la catalogación de FIESTAS DE INTERÉS TURÍSTICO.
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