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La obra
indaga, desde la estructura clásica del Siglo de Oro,
despojada de las connivencias y prejucios de la época, la convivencia
y tolerancia existente entre cristianos y conversos hervasenses, rota
por la imperiosa necesidad de méritos y notoriedad de un recién
"letrado de la Inquisición", el resentimiento y colaboricismo
de un converso, destrozado psíquica y físicamente por
la tortura inquisitorial, y el pábulo levantado por el morboso
placer hacia los hechos ajenos, del cotilleo local, que acaban con la
vida del converso Manuel Alvarado, por el simple hecho de practicar
ideas diferentes, sin que por ello, obviar la propia intransigencia
de Manuel, causa de sus ideas religiosas.
Un
montaje sin héroes, donde se muestran las miserias y contradicciones
humanas, espoleadas por la aberrante defensa de la "limpieza de
sangre", lacra social y popular que enturbió y enrareció
la vida de España y de los españoles durante varios siglos.
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