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En
enero, los habitantes de Navalvillar de Pela, conmemorar la histórica salvación
de su población que, ante un ataque árabe, acaeció en época medieval.
Ésta se logró a base de encender hogueras y, con camisas blancas y carreras de sus caballos, lograron confundir a los invasores, que huyeron creyendo que los naturales del pueblo eran más.
La fiesta tiene, entre otros protagonistas, al jinete ataviado con la camisa blanca, pañuelo rojo al cuello y otro que le cubre la cabeza, terminado en pico, y al caballo que porta la famosa manta de madroños.
Entre hogueras encendidas, los jinetes inician las carreras a media tarde del día 16 de enero, vísperas de San Antón, al son del tamborilero que recorre las calles de Navalvillar por tres veces, junto al abanderado, la Cofradía y la Corporación.
La fiesta dura hasta la madrugada, y es norma sociable de los naturales de Navalvillar de Pela el obsequiar a los miles de visitantes que acuden a disfrutar de los festejos con la degustación generosa y abundante de sus excelentes vinos de pitarra y sus exquisitos y afamados buñuelos.